Viernes, 29 septiembre 2006

Borrachos, cheeseburgers y bordes

Posted in Batallitas, Divagación etílica a 0:55 por sergio

Inauguro esta nueva sección que los lectores de mi antiguo blog añorarán, que he titulado “Divagaciones etílicas”, en la que incluiré todas las estupideces (tal calificativo puede ser a veces demasiado bondadoso) que se me ocurren a veces (afortunadamente, no muchas) cuando llego a casa después de haberme entregado a los placeres del vino y la chevecha. Para tranquilidad de mis sufridos progenitores, hoy no he bebido mucho, así que podéis descansar tranquilos, que hoy sólo es otra chorrada más.

Hoy tocaba volverse pronto a casa, porque estaba cansado, y mañana tengo la segunda parte de un curso de Turbomole. Nos volvíamos Johannes, Andrew y yo, por unos motivos u otros, sintiéndonos unos auténticos pringaos porque nos íbamos cuando la gente seguía llegando. El caso es que Johannes tenía gusa de McDonald’s (no sé dónde mete todo lo que come, el desgraciao), y a regañadientes nos hemos metido, porque perdíamos el bus. Dentro había un chaval con pinta de empollón que llevaba una melopea bastante curiosa, con la pajita metida en la boca en una mueca un tanto extraña, con sus ojos vidriosos mirando al infinito, y un extraño e irregular baile de San Vito para intentar mantener el equilibrio. Empieza el cachondeíto cuando Johannes le señala y dice algo supuestamente gracioso que no entiendo. En fin. Va a pedir una hamburguesa, y le atiende una chica bastante mona, muy alta y muy rubia. Finlandesa, vaya. El caso es que pide un cheeseburger, mientras nos seguíamos riendo de vaya usted a saber qué, y dice que no se sirven cheeseburgers de noche. Yo pongo cara rara, y en todo un alarde de ingenio, suelto algo así cómo: “Claro, tío, es que a estas horas el queso está durmiendo”;. Joer, a los tres nos pareció graciosísimo, pero la tía empezó a menear la cabeza sonriendo, en plan “Ya tuvieron que venir los tocahuevos de la noche”. ¡Pero si estuvimos simpatiquísimos! Le digo que no se mosquee con mi mejor sonrisa, la muchacha dice que no pasa nada. El cachondeo sigue, porque resulta que sí que venden dobles cheeseburgers, con lo cual mi hipótesis queda chafada por completo. Johannes me repite lo de antes, pero sigo sin entenderle… ¡La chica se piensa que hablamos de ella y dice que aún nos oye! Al final resultaba que el mongo del alemán me estaba diciendo que por qué no cogía al borracho y me lo llevaba a casa para hacerle guarreridas. Menudo cochino.

Ya en el bus, con la hamburguesa de Johannes bien digerida (qué cosas, Johannes es de cerca de Hamburgo, eso debe ser casi canibalismo), empezamos, yo qué sé por qué cojones, a hablar de que si los músicos, o los escritores o lo que sea son mejores porque se meten mierda. En un momento he preguntado “¿De verdad crees que son mejores porque se meten?”, y a nuestro lado se oye un “¡Por supuesto!”. Era un finlandés greñudo que volvía de jarana con su colega. Mi respuesta: “Tío, nunca confíes en alguien con el pelo largo”, una broma vieja y que en general la gente no suele pillar, pero que por algún extraño motivo no puedo evitar repetir. La reacción es la de siempre: se me queda mirando, y dice algo que equivaldría a “Le dijo la sartén al cazo”. Jajajojojajota, etc. Al final nos han resuelto la duda del Cheeseburger, algo tan simple como:

A) Los borrachos tienen hambre por la noche.

B) Los borrachos no suelen fijarse en el dinero que se gastan.

A u B=> Los borrachos te compran la hamburguesa más cara si es la única que hay.

Añadamos a este maravilloso ejercicio deductivo dos premisas más, “hay muchos borrachos en Finlandia” y “ganar pasta mola”, y ¡hop!, resuelto otro misterio de la Humanidad.

Sed buenos.

Anuncios