Lunes, 11 septiembre 2006

Tiene huevos la cosa…

Posted in Batallitas, Excreción mental a 23:56 por sergio

Se me olvidó contar que el jueves pasado (el primer día de laboratorio), Ying-Chan, mi compañera de despacho, una estudiante de doctorado china, me invitó a su casa a una fiesta, porque se acababa de mudar de casa. Me pareció un detallazo, porque aunque había invitado a toda la gente del laboratorio, era mi primer día, y me hizo sentir muy bien… Hoy ya he terminado de sentirme integrado cuando me he comprado una taza para el café y la he puesto con las demás en la sala común.

Bien, el caso es que hoy la chica andaba un pelín estresada. Hoy terminaba de preparar un artículo, y además todo el lío de preparar las cosas. Este miércoles, además, empezamos el curso de Química Cuántica Relativista (el que me diga una asignatura con tantas palabras frikis concentradas, se lleva un premio :P), que es de 2 a 4, y claro, como que hay prisa. Yo, que soy todo un caballero, me he ofrecido a ayudar. La sorpresa ha sido cuando me ha preguntado si podía preparar unas tortillas de patata. ¿Qué iba a decir? Pues que sí. Y no he hecho una tortilla de patatas en mi vida. Je, he estado a punto de corregir lo de “he hecho” por “había hecho”, pero mejor seguid leyendo…

Así que, ¿qué he hecho cuando he venido a casa? Intentar hacer una tortilla de patatas, por supuesto. Y de todo menos tortilla de patatas. Lo primero, he puesto demasiadas patatas para los dos míseros huevos que me quedaban. He puesto poco aceite, creo. Por supuesto, para esta tortilla de prueba he usado el aceite de girasol, como para hacer el bobo con el de oliva. Y por último, me he pasado con la sal. Así que teníamos un fabuloso revuelto de patatas fritas, aunque algunas patatas que se han quedado sueltas porque no había huevo suficiente. Y sabía a quemado y salado.

Hasta Martin se estaba riendo de mí… Malditos austriacos. Al menos el pescado hediondo que he preparado con tomatico frito estaba bueno.

En fin ya os contaré después de la fiesta a ver qué tal. Ah, una anecdotilla curiosa que me pasó ayer. Volvía de casa de Adri de ver Clerks II (prometo una reseñaen los próximos días), y andaba yo bastante perdidito. El caso es que me subo a un tranvía, y los cuatro que iban al lado, dos parejitas, no sé, como que activaron mi sentido arácnido. El caso es que me daba la sensación de que me miraban y se partían… ALGO, no sé el qué, me decía que eran españoles. Y efectivamente, lo eran. Turistas treintaañeros catalanes, para ser más exactos. El caso es que ellos también pensaron que era español, por eso se reían. Vaya, que por finés sé que no cuelo, pero tampoco llevo un pin con la banderita de España (o de Fernando Alonso, que mola mazo, tron). Si ya sabía yo que el sentimiento español se lleva en la sangre. Cualquier día me pinto de rojigualdo y me pongo a decirles a los fineses la puta mierda de país que tienen, y a gritar que España es la mejor.

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