09.11.06
Tiene huevos la cosa…
Se me olvidó contar que el jueves pasado (el primer dÃa de laboratorio), Ying-Chan, mi compañera de despacho, una estudiante de doctorado china, me invitó a su casa a una fiesta, porque se acababa de mudar de casa. Me pareció un detallazo, porque aunque habÃa invitado a toda la gente del laboratorio, era mi primer dÃa, y me hizo sentir muy bien… Hoy ya he terminado de sentirme integrado cuando me he comprado una taza para el café y la he puesto con las demás en la sala común.
Bien, el caso es que hoy la chica andaba un pelÃn estresada. Hoy terminaba de preparar un artÃculo, y además todo el lÃo de preparar las cosas. Este miércoles, además, empezamos el curso de QuÃmica Cuántica Relativista (el que me diga una asignatura con tantas palabras frikis concentradas, se lleva un premio
), que es de 2 a 4, y claro, como que hay prisa. Yo, que soy todo un caballero, me he ofrecido a ayudar. La sorpresa ha sido cuando me ha preguntado si podÃa preparar unas tortillas de patata. ¿Qué iba a decir? Pues que sÃ. Y no he hecho una tortilla de patatas en mi vida. Je, he estado a punto de corregir lo de “he hecho” por “habÃa hecho”, pero mejor seguid leyendo…
Asà que, ¿qué he hecho cuando he venido a casa? Intentar hacer una tortilla de patatas, por supuesto. Y de todo menos tortilla de patatas. Lo primero, he puesto demasiadas patatas para los dos mÃseros huevos que me quedaban. He puesto poco aceite, creo. Por supuesto, para esta tortilla de prueba he usado el aceite de girasol, como para hacer el bobo con el de oliva. Y por último, me he pasado con la sal. Asà que tenÃamos un fabuloso revuelto de patatas fritas, aunque algunas patatas que se han quedado sueltas porque no habÃa huevo suficiente. Y sabÃa a quemado y salado.
Hasta Martin se estaba riendo de mÃ… Malditos austriacos. Al menos el pescado hediondo que he preparado con tomatico frito estaba bueno.
En fin ya os contaré después de la fiesta a ver qué tal. Ah, una anecdotilla curiosa que me pasó ayer. VolvÃa de casa de Adri de ver Clerks II (prometo una reseñaen los próximos dÃas), y andaba yo bastante perdidito. El caso es que me subo a un tranvÃa, y los cuatro que iban al lado, dos parejitas, no sé, como que activaron mi sentido arácnido. El caso es que me daba la sensación de que me miraban y se partÃan… ALGO, no sé el qué, me decÃa que eran españoles. Y efectivamente, lo eran. Turistas treintaañeros catalanes, para ser más exactos. El caso es que ellos también pensaron que era español, por eso se reÃan. Vaya, que por finés sé que no cuelo, pero tampoco llevo un pin con la banderita de España (o de Fernando Alonso, que mola mazo, tron). Si ya sabÃa yo que el sentimiento español se lleva en la sangre. Cualquier dÃa me pinto de rojigualdo y me pongo a decirles a los fineses la puta mierda de paÃs que tienen, y a gritar que España es la mejor.
Permalink Los comentarios están cerrados
